NIKKO QUIROGA日光
Sobre Nikko Quiroga

Sobre Nikko Quiroga

Yo iba a ser médico. Terminó ganando una golondrina.

Mi historia con el tatuaje no empezó con una estrategia. Empezó con un compañero de colegio, una golondrina tradicional americana y esa sensación rara de que una imagen puede tragarte entero.

Retrato de Nikko Quiroga, tatuador especializado en tatuaje japonés

Había un plan. Por suerte, falló.

De chico siempre supuse que iba a ser un profesional, tal vez médico. Era el plan que mi familia imaginaba para mí y durante un tiempo intenté respetarlo. Fui a medicina, no resultó. Fui a psicología, resultó. Me recibí, hice posgrado y armé una vida profesional estable.

Pero antes de todo eso había aparecido una imagen: un compañero de secundaria, punk-rock a mis ojos, con una golondrina tradicional americana tatuada en la piel. Ese dibujo colorido abrió algo que parecía un agujero negro de misterio, rebeldía y arte.

Con conexión dial-up, en la época de Yahoo y Altavista, empecé a buscar tatuajes. Ahí me encontré con cuerpos completos tatuados por Horiyoshi III, Yoshihito Nakano, maestro de Yokohama. Todavía no sabía cómo, pero algo del horimono ya había entrado en mi vida.

La Lupita, el zumbido y ese olor imposible

A los 19 me hice mi primer tatuaje: una golondrina inspirada en aquella primera imagen. Fue en La Lupita de Martínez. Recuerdo el olor a cloroxilenol, el zumbido de las máquinas, los carteles de neón, el arte en las paredes y la risa de los tatuadores. De algún modo sentí que ese era mi lugar, aunque todavía faltaba mucho para llegar ahí.

En 2014, después de una convención de tatuajes en La Rural de Buenos Aires, decidí empezar. Compré mis primeras máquinas, mis primeros pigmentos y fui a aprender. Mi primer tatuaje se lo hice a Chicho, un amigo que puso el brazo con valentía. Fueron siete horas de frustración, tinta y aprendizaje real.

Japón, sake y un yakuza boy argentino

Desde chico me interesaban las artes marciales, el manga, el cine oriental, la caligrafía, los mitos y las criaturas japonesas. Cuando empecé a tatuar, todo eso tomó forma: me iba a dedicar al tatuaje japonés.

Con Horiahiru, Patricio, encontré un amigo y un par en esa búsqueda. Compartimos punk-rock, tatuaje japonés y la fascinación por construir nuestros propios instrumentos de trabajo. En su estudio vi cuadros de Okame, Hyottoko, Hotei, Hannya y Wanyudo; ahí entendí que no estaba solo en esa pequeña obsesión.

En Japón busqué bibliografía, imágenes, relatos y pistas sobre el horimono. No siempre fue fácil. En Kyoto, después de sacarme una campera mientras comía nigiri y tomaba sake, un señor mayor me señaló y gritó: yakuza boy. Terminamos hablando y riéndonos. Esa escena resume bastante bien la tensión japonesa con el tatuaje: fascinación, miedo, mito y malentendido.

Un ryokan en Olivos, hecho a mano

Después de mi primer viaje a Japón alquilé mi primer estudio privado en Vicente López. En la inauguración usé una palabra: transición. Desde entonces todo fue movimiento.

Dos años después pude comprar mi propio estudio en Olivos. Lo fui remodelando lentamente, a mano, inspirado en los ryokan japoneses. Quería que el lugar no fuera un local comercial más, sino un espacio privado, silencioso, cuidado, donde el cliente pueda entrar en otro ritmo.

Psicología, filosofía y tatuajes japoneses

Soy psicólogo, pero no mezclo el dispositivo clínico con el tatuaje. En el estudio no hago terapia. Si aparece esa formación, aparece en la escucha, en el cuidado del encuadre y, sobre todo, en mi podcast Tatuajes Japoneses.

En el podcast leo el horimono, Japón y lo que llamo las culturas japonesas desde la psicología, la filosofía, los símbolos y las tradiciones. Esa forma de mirar también sostiene mi trabajo como tatuador: no entiendo el tatuaje japonés como decoración, sino como lenguaje.

En 2023 visité en Japón a maestros como Kazuo Oguri, Horihide, y Horiyoshi III. Ese estudio constante es parte de mi oficio.

Preguntas frecuentes

¿Desde cuándo tatúa Nikko Quiroga?

Comencé a tatuar en 2014 y desde el inicio orienté mi camino hacia el tatuaje japonés tradicionalista, irezumi y horimono.

¿Nikko Quiroga es psicólogo?

Sí. Soy psicólogo, pero separo el dispositivo clínico del tatuaje. Esa formación aparece sobre todo en mi podcast y en mi modo de leer símbolos, cuerpo y cultura.

¿Dónde está el estudio?

Trabajo en un estudio privado en Olivos, Vicente López, Buenos Aires, inspirado en la atmósfera de los ryokan japoneses.

Si va a vivir en tu cuerpo, tiene que estar bien pensado.

Si querés una pieza japonesa grande, sólida y pensada para envejecer bien, primero conversemos qué historia va a cargar.

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