NIKKO QUIROGA日光
Tatuaje japonés en Buenos Aires

Tatuaje japonés en Buenos Aires

No hago cualquier tatuaje. Ese es el punto.

Trabajo exclusivamente tatuaje japonés porque el horimono no perdona la improvisación. Si una pieza va a vivir en un cuerpo durante décadas, no puede nacer como un rejunte de referencias lindas.

Tatuaje japonés de dragón en espalda completa por Nikko Quiroga

Primero: si no es japonés, no lo hago

Cuando alguien me escribe, lo primero que explico es a qué me dedico exclusivamente. No hago todos los estilos. No porque no pueda agarrar una máquina y resolver otra cosa, sino porque elegí estudiar un lenguaje hasta el fondo.

Pregunto el nombre, qué quiere tatuarse y cuento cómo trabajo: sesiones de tres horas, estudio privado en Olivos, primer encuentro sin compromiso y un proceso de diseño propio.

Té japonés antes de la aguja

Si a la persona le cierra el modo de trabajo, la invito al estudio en Olivos. Nos conocemos durante 30 o 40 minutos, tomamos un té japonés, ve el espacio y hablamos del diseño.

Ese encuentro también sirve para ver si hay afinidad. Un tatuaje grande no es una compra rápida; es un proceso compartido. Si todo sigue bien, se deja una seña inicial, empiezo a diseñar y agendamos el primer turno. Ahí empieza el tatuaje, aunque todavía no haya tinta.

No elegimos dibujitos. Traducimos una historia

El motivo japonés depende de lo que la persona quiere representar. No se trata de elegir una imagen bonita y pegarla al cuerpo. Primero hay que entender qué se quiere decir; después vemos qué mito, qué figura o qué flor puede soportar ese peso.

Una vez un cliente quería representar su paso por las artes marciales, pero no desde la ostentación sino desde la figura de alguien común. Trabajamos un Edokko, un plebeyo del período Edo, luchando con un Ryu. Los crisantemos funcionaron como flor ligada al dragón y como elemento para embellecer la composición.

Tegaki: cuando el cuerpo termina de hablar

Con el diseño principal ya armado, en la primera sesión comenzamos a dibujar a mano, estilo Tegaki, sobre el cuerpo. El movimiento real del cuerpo ayuda a componer nubes, agua, rocas y viento de una manera más armónica.

Trabajo con una idea que me transmitió Hideo Sugimoto, mi Sensei: agregar vacíos. El espacio negativo es tan importante como el positivo. Un buen horimono no solo sabe llenar; también sabe respirar.

La foto de hoy no me alcanza

Para mí, un tatuaje japonés debe poder leerse en 40 años. Eso significa que el diseño no debería ceder al paso del tiempo. Es más: el tiempo debería embellecerlo.

Busco que la pieza se asiente en el cuerpo, que el contraste siga funcionando, que los colores permanezcan vivos y que la composición no se vuelva una mancha. El tatuaje japonés no se piensa solo para la foto recién terminada.

Preguntas frecuentes

¿Dónde tatúa Nikko Quiroga?

Trabajo en un estudio privado en Olivos, Vicente López, Buenos Aires, con cita previa.

¿Hace tatuajes que no sean japoneses?

No. Trabajo exclusivamente tatuaje japonés tradicionalista, irezumi y horimono.

¿Cuánto dura una sesión?

Trabajo en sesiones de tres horas para sostener concentración, técnica y una buena cicatrización.

Si va a vivir en tu cuerpo, tiene que estar bien pensado.

Si querés una pieza japonesa grande, sólida y pensada para envejecer bien, primero conversemos qué historia va a cargar.

Conversar el proyecto